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  Al compás de la vida: una oración por medio de la música

La espiritualidad y el arte se tomaron la Casa Ignaciana de la Juventud, en esta ocasión a través de la música, permitiendo conectar las manifestaciones del ser por medio de instrumentos musicales y reconociendo los diferentes sonidos que encontramos en nuestra vida.

El día 19 de julio se realizó en la Casa Ignaciana de la Juventud una oración llamada “Al compás de la vida”, la cual por medio de la música convocaba a diferentes personas interesadas en espacios de espiritualidad a través del arte.

Participaron jóvenes de diferentes universidades y colegios de la Compañía de Jesús. El motivo profundo de esta actividad fue reconocer la importancia de la música en la vida de los jóvenes y como ésta atraviesa la vida de todos; desde los momentos más felices hasta los momentos más difíciles: la música habla de las personas, de su vivir y percibir el mundo; la música está ligada a la construcción de cada ser.

En la oración, los asistentes encontraron el espacio de la Casa adecuado con velas, esencias, telas, cojines, plantas y varios instrumentos musicales. Con el fin de que los asistentes profundizaran en la oración se les pidió que fueran interactuando con los instrumentos sin importar si tenían pleno conocimiento o práctica de ellos. Se les indicó que mantuvieran su sentido de escucha dispuesto y atento a los diferentes sonidos que encontrarían en el desarrollo de la oración, además de tocar los instrumentos de acuerdo con su sentir representándolo por medio del sonido generado por ellos.
Durante la oración se buscó generar un recorrido por las emociones humanas, profundizar en ellas suscitando momentos de tristeza, ira, melancolía, alegría y amor, posibilitando composiciones que pudieran hacer eco en nuestro mundo interior y en el de los demás.

En el compartir de la oración los asistentes resaltaban cómo al inicio no existía una armonía cuando tocaban los instrumentos. Sin embargo, durante el desarrollo de la actividad los ritmos iban encontrando concordancia hasta encontrarse todos los asistentes con un sentimiento en común y desde su individualidad, procurando producir una composición rítmica. Esto era evidenciado, especialmente, en los momentos de ira donde la descarga de energía era máxima y en otros momentos como el amor, donde las melodías eran suaves.

La oración buscaba que los asistentes conocieran las diferentes formas de conectarse con su espiritualidad de forma individual y comunitaria. La Casa Ignaciana de la Juventud es el espacio en donde los jóvenes interesados en la espiritualidad y el arte pueden encontrarse, generar lazos, crecer personalmente y promover sus ideas.

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