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Visita Hermano Cristoph de Taizé


Foto del Archivo Equipo Noches Taizé CJ

  Taizé Bogotá se fortalece.

Bogotá se ha convertido en el lugar que encarna las prácticas de oración taizé donde la juventud y el encuentro ecuménico son la principal característica. Para el año 2016 el Grupo de Noches Taizé de la Casa Ignaciana de la Juventud recibió la visita del Hermano Christoph de Taizé (Francia). Aquí el testimonio que el Hermano dejo luego de su visita.

En 1968, el Hermano Roger hizo en Colombia su primer viaje a América latina. Él fue invitado por el Papa Pablo VI a venir con él en el mismo avión para participar en Bogotá de la apertura de la Conferencia episcopal latinoamericana que se desarrolló a continuación en Medellín. Estos últimos años varios jóvenes de la región de Bogotá y de Medellín, así como otros colombianos, han pasado por Taizé o se han quedado allí durante tres meses como voluntarios. Era tiempo ya de devolverles la visita.
Colombia ha sido últimamente mencionada en los noticieros internacionales a causa del proceso de paz entre las guerrillas y el gobierno. En número de habitantes es el tercer país de Latinoamérica, y como la mayoría de países de la región, ha tenido al comienzo de siglo años de importante desarrollo económico.
En Bogotá participé de bellas oraciones en la Parroquia Santa Rosa de Lima, en la Catedral Primada y en la Universidad Javeriana, donde hay regularmente oraciones Taizé. En el seno de la Iglesia luterana, he tenido también un encuentro con jóvenes y con el Obispo.
Bogotá tiene una población de cerca de nueve millones de habitantes y está situada a 2600 metros de altura. Una disparidad importante existe entre la zona norte, más rica, y la zona sur de la ciudad. Un domingo por la mañana visité una capilla en “Altos de la Florida” al sur. Allí, jóvenes postulantes y escolares jesuitas animan actividades pastorales. Es una presencia importante en esta zona invadida por gente desplazada y campesina
Medellín, capital de Antioquia, es la segunda ciudad del país y de fuerte tradición católica. Allí me encontré con un grupo de coordinadores de la pastoral de jóvenes y enseguida tuvimos oraciones en las parroquias de Santa Ana y de Cristo Rey.
Hace algunos años, Medellín sufría de la reputación de ser una ciudad particularmente violenta a causa, sobre todo, de narcotraficantes. Estos últimos años diferentes esfuerzos han mejorado la situación. La Iglesia católica ha contribuido mucho en este cambio. En Itagüí, comuna a las afueras, me encontré con un Cura que dirige un grupo de jóvenes: adolescentes que vienen de medios muy difíciles y que son acogidos y acompañados por personas capacitadas para ello
Acompañé también a seminaristas que junto con un sacerdote van cada semana a distribuir chocolate caliente y pan a personas que viven en la calle. La distribución de la comida se acompaña de una oración y de música.
Desde hace varios años, una amistad una nuestra comunidad con la Diócesis de Caldas (Antioquia), al sur de Medellín. En Amagá, pequeño pueblo con minas de carbón, nos hemos reunido para orar con jóvenes de la parroquia y al día siguiente la oración fue en Santa Bárbara, En Caldas tuvo lugar un encuentro de un día con oraciones y momentos de compartir.
Me reuní con jóvenes de esa Diócesis que han estado como voluntarios en Taizé y que de regreso a su tierra han animado de vez en cuando reuniones y oraciones. Algunos han colaborado en hogares para niños y otros intentan fundar una organización a través de la cual jóvenes profesionales se comprometan a ayudar personas con necesidades de apoyo.
En Latinoamérica muchas personas me han expresado su gratitud por mi visita y por haberles permitido descubrir la oración con cantos Taizé. A parte de la muy extendida adoración al Santísimo, oraciones que den lugar al silencio son relativamente poco conocidas, por lo que hay una verdadera sed de vivir momentos de oración meditativa.

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