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Miguel Ángel Ramirez junto a su equipo de Camino Claver


  Trucha Mística - Mi experiencia en Camino Claver

Dos meses después de la experiencia de Camino Claver, Miguel Ángel Ramirez nos cuenta detalladamente como fue su proceso de peregrinaje junto con su equipo.

Por Miguel Ángel Ramirez

El Camino Claver 2017 fue una experiencia única en la cual recorrimos una parte del departamento del Quindío, caminando más de 100 kilómetros. Al principio no sabía qué esperar pues pensaba que era solo caminar y caminar, pero al final sentí que mi comunidad se convirtió en una familia.

El día que llegamos salimos a conocer Salento con los que venían de mi universidad, pero esa noche nos separaron en seis comunidades con miembros provenientes de distintas regiones del país, incluso había una señorita de Argentina.
El primer día de caminata fuimos al Valle del Cocora y volvimos a Salento. Ese fue uno de los días más difíciles porque aunque no llevábamos maletas, creo que nos sobre esforzamos e intentamos volver rápido para almorzar, así que quedamos muy cansados y apenas me acosté en la cama me quedé dormido.

Ese día mi comunidad apenas se estaba conociendo, no hablamos mucho, pero sucedió algo muy gracioso al escoger el nombre de la comunidad: estábamos haciendo una lluvia de ideas para escoger el nombre pero no nos poníamos de acuerdo, hasta que llegó Laura, la coordinadora de logística, y nos preguntó si todos queríamos almorzar trucha, a lo que respondimos que sí, once truchas ya que éramos 11.

Seguidamente alguien propuso ’11 Truchas’ como el nombre de la comunidad; algunos se rieron y otros la apoyaron. Dijeron “¡Es feo, pero me gusta!”. Empezamos a hacer todo tipo de bromas sobre las truchas y así nos autonombramos, ’11 Truchas’. Posteriormente pintamos la bandera entre todos y nos comenzamos a poner apodos: Truchaza, Trucha Antropóloga, Trucha Soviética, Trucha Mística, etc. Creo que ese fue uno de los momentos más importantes para mi comunidad ya que además de darnos el nombre, nos dio pie para hacer constantes chistes y alusiones a la trucha, al punto de hacer nuestra canción.

Las caminatas de los siguientes dos días no fueron tan exhaustivas y aunque llegábamos de últimos, nos divertíamos en el camino, contemplábamos los paisajes y descansábamos de vez en cuando. Posteriormente, en la caminata del día siguiente llovió casi todo el camino y al final de ese día estábamos tan mojados que no nos importó nada y nos pusimos a jugar bajo la lluvia, a chapotear en lo charcos y gracias a las canciones de Javier y a una reconfortante y exquisita dona caliente rellena de arequipe, mantuvimos la buena energía y llegamos muy alegres a la finca.

El siguiente día fue la caminata más larga y difícil - para completar - la ropa mojada no se secó, así que estábamos cansados porque dormimos hacinados, húmedos y con frío al iniciar el día. Con el paso de las horas nos íbamos poniendo impacientes, pero con los juegos que nos enseñaron las chicas de Cali y las canciones desafinadas terminamos el día.

El último día de caminata fue el más corto y como ya nos conocíamos fue muy llevadero, conversamos bastante durante el camino y cuando nos faltaba el último cuarto yo pensaba “estoy cansado, pero no quiero que se termine”. Había algunos miembros de la comunidad que estaban lesionados y les ofrecieron llevarlos en la camioneta, pero aun así decidieron seguir caminando y terminar todos juntos. La llegada fue triunfal y el hotel estuvo excelente.

El día de despedirnos algunos compartieron regalos y yo me quedé hablando durante horas con un nuevo amigo. Aprendí que hay personas que se preocupan por los demás sin razón y los ayudan, aunque signifique sacrificar un poco y no obtener nada a cambio: “En todo amar y servir” fue algo que viví, vi y sentí en varios momentos del Camino Claver, y eso es lo que me siento llamado a hacer con los demás para ser un ejemplo en los ambientes en los que me muevo, al estilo de Jesús. Volver a la rutina se sintió extraño, pero los pequeños detalles que hicieron tan especial esa experiencia se quedarán conmigo.

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